Un juez malicioso.

Actualizado: sep 17

Por Carlos Rivera

Un estado laico se comporta bajo dos características: la libertad de que cualquier grupo religioso se exprese según su fe, y por lo tanto cualquier persona pueda manifestarse según su relato, por absurdo que sea, y el Estado le protege su expresión. Y la segunda, que ninguna persona, ni un grupo de personas por importante y mayoritario que sea, pueda imponer su fe a otro, porque no hay ninguna fe que supere a la razón.


Un estado laico como el colombiano es un acuerdo civil que autónomamente ha establecido su organización bajo las leyes de la razón y el sentido común. La Constitución nacional es la estructura civil que garantiza la igualdad en derecho para todos nosotros.


De tal manera la constitución colombiana está por encima de cualquier credo religioso, es superior porque es universal.


Por lo tanto el juez que argumenta objeción de conciencia para no casar a una pareja por su orientación sexual está en contra de los conceptos jurídicos nacionales, superiores que garantizan, entre otras cosas, la igualdad a parejas homosexuales de las heterosexuales. Su convicción religiosa está limitada por los acuerdos fundamentales que este país ha adoptado, la igualdad ante la ley, una de ellas.

En nuestro país un juez es un funcionario público que ante todo y sobre todo, como juez debe seguir las normas legales.

Buen dice A.C Grayling en su libro Contra todos los dioses “… ha llegado la hora de exigir y aplicar un derecho para el resto de nosotros que impida la interferencia de las de las personas y las instituciones religiosas…”


A punta de adoctrinamiento hemos logrado construir una cultura basada en la discriminación y el clasismo que cubre como una nata pegajosa todo nuestro continente americano, acabamos de pasar por un procurador que a punta de su borrachera religiosa despilfarró importantes recursos de ese ente de control para luchar en contra de los homosexuales.


Las comunidades religiosas (católicos y cristianos) están estrenando un nuevo demonio que ellos construyeron y que se llama Ideología de Género según la cual los homosexuales y las personas trans tenemos la misión de acabar con la comunidad promoviendo comportamientos no heterosexuales y roles de género que tienden a confundir a nuestros niños, tan fuerte es su poder que lograron sabotear unas cartillas que pretendían explicar cómo es el comportamiento sexual de los seres humanos a la luz de la ciencia. Lograron crear una corriente digital que se llama “a mis hijos los educo yo ” (los educo bajo mis prejuicios religiosos) y el Estado laico lo permite violando los derechos de los niños de educarse libres de esta fantasías tan mentirosas como los cuentos religiosos.

Escrito por Carlos Rivera. Soy publicista de la Universidad Central en Bogotá, gerente de CHR Divulgar, empresa dedicada al monitoreo de medios de comunicación y estudios de imagen corporativa, mi empresa acaba de cumplir 30 años de establecida en Colombia. Soy activista de la comunidad LGBTI desde el día que el honorable Senador Gerlein nos insultara por nuestra condición sexual. Toda mi vida he sido ateo y mi meta, en los últimos años de mi vida es convencer a nuestra comunidad LGBTI que es el relato religioso el último obstáculo que la cultura ha edificado para considerarnos iguales.


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