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La horrible práctica cristiana de terapias de conversión que un senador busca exterminar en Colombia




Terapia de conversión.


Sócrates, Platón, Alejandro Magno, Julio César, Miguel Ángel, Leonardo DaVinci, William Shakespeare, Oscar Wilde, Federico García Lorca, son algunas de las más renombradas y prominentes personalidades de nuestra historia, y tienen un punto en común que no les quita genialidad ni mérito. Todos ellos han sido o tenido relaciones homosexuales; algunos fueron perseguidos, otros no, pero lo cierto es que la homosexualidad ha estado presente en la humanidad desde siempre, desde antes de las religiones y después de éstas también.




El cristianismo y la Iglesia Católica, por nombrar las congregaciones más populares en nuestro continente, sin embargo, no han aceptado esta condición, y a lo largo de la historia han tenido diferentes posturas acerca de esto: Primero lo consideró un crimen y luego una enfermedad para posteriormente y hasta la actualidad, entenderlo como un trastorno. Y digo hasta la actualidad porque aun existiendo una tolerancia muy alta en el catolicismo hacia los homosexuales, éstos consideran tal actividad pecaminosa y antinatural, pues la Biblia lo dice. Y por la misma razón para los evangelistas, la homosexualidad estaría inducida por demonios de fornicación, o hasta por un hechizo.


Para los Testigos de Jehová, por ejemplo, es la mayor aberración posible y los homosexuales están condenados a la destrucción eterna y bla, bla, bla, etcs varios… En cualquier caso, entre personas religiosas, todos alguna vez hemos oído decir cosas como “El culo es para cagar” o “De ahí les vino el SIDA” y el clásico “Las areperas no se satisfacen porque no tienen qué meterse” o el típico “A falta de machos se hacen tortas” y bajo premisas falsas y absurdas como estas, se construye un perfil imaginario donde ser gay es una anomalía o desviación, además de que, al parecer, los creyentes tienden a desarrollar una obsesión por imponer lo que ellos consideran un uso adecuado de los órganos sexuales de los demás, determinando qué es natural y qué no.


Sin embargo, la naturaleza nos dice otra cosa; muchas especies han sido observadas teniendo conductas homosexuales, y esto también tiene una explicación natural: Cuando una especie comienza a superpoblar su hábitat, se produce un cambio hormonal y las generaciones siguientes tendrán mayor número de individuos homosexuales y de esa manera, en varias generaciones, la población se reduce.


Esto se ha observado en micos, roedores y hasta en leones. Este carácter homosexual no sólo ayuda al control de las poblaciones en todas las especies, sino que también ayuda a su organización y cuidado.



Recientemente se ha demostrado que la mayoría de las personas homosexuales tienen, por lo general, ciertas habilidades más desarrolladas que sus contrapartes heterosexuales como, por ejemplo, la inteligencia emocional. Esta inteligencia, menciona Daniel Goleman psicólogo y autor estadounidense (Emotional Intelligence, 1995), es la capacidad que tienen las personas de identificar, comprender y ser conscientes de sus emociones y de la de las personas que le rodean.



Esta cualidad ayuda a estabilizar y balancear los problemas emocionales que se presentan en la familia; sí pues, es una forma de ayudar a la evolución de la comunidad donde se vive. También se ha estudiado la relación que existe entre el número de hijos varones que se tienen y las probabilidades de que los hijos menores sean homosexuales, a lo cual se puede pensar que la homosexualidad no sólo es un mecanismo natural de control natal ni de evolución de la comunidad, sino también un mecanismo para evitar conflictos entre los hermanos de una misma generación al pelear por una pareja.


La conducta homosexual estudiada desde la ciencia, ha determinado que la condición sexual o la sexualidad propiamente dicha viene genéticamente determinada, no podemos elegir lo que somos. En el camino de nuestra existencia, la única elección que tenemos es vivir como realmente sentimos o someternos a la voluntad de terceros que con su moral de papel pretenden torcer la naturaleza de los demás.


Así llegamos a descubrir que la religión aún hoy se mete en la cama de las personas, y por muy insólito que pueda parecer, en pleno siglo XXI aún se intenta “corregir” la condición homosexual. ¿Cómo? A través de terapias que van desde rituales de exorcismo hasta violaciones correctivas.


Si, lo se… suena absurdo y descabellado, algo sacado del universo orwelliano, pero no. En América Latina y en el mundo esto sucede, mientras los estados hacen oídos sordos y la Iglesia Católica y las iglesias evangélicas conniventen y promocionan de estos abusos.


Es realmente curioso saber que la OMS recién en 1990 eliminó a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, y que hubo que esperar hasta 2018 para que suceda lo mismo con los trans, cuando Freud ya en 1935 asumía la homosexualidad como una condición natural, no adjudicable a ningún trastorno de la psiquis.


En este sentido durante todo este tiempo en muchos países, 68 en total, se han practicado y se practican las mal llamadas “terapias de conversión” o ECOSIEG (Esfuerzo de Cambio de Orientación Sexual, Identidad o de Expresión de Género), que están destinadas a “convertir” lo que para ellos sigue siendo un trastorno psicológico.


Algunos países de la región ya han tomado medidas para erradicar esta actividad volviéndola ilícita, pero en otros como Colombia, esto sigue sucediendo.


De Ecuador recogemos el caso emblemático de Paola Concha Zirith, que en 2008 a los 23 años fue secuestrada y encerrada en una clínica de “conversión” a pedido de su madre, al considerar que su condición sexual era patológica. Permaneció encerrada, encadenada a un tubo víctima de maltrato físico y psicológico, falta de alimento y violaciones correctivas. Si, leíste bien.



Una vez fuera de allí, y tras denunciar públicamente estos hechos a los que se sumaron muchas más denuncias, cinco años más tarde Ecuador prohibió los ECOSIEG.


En Colombia la cosa está candente con el tema, y está tomando estado público. Los casos estremecen, como el de Danne Belmont, que es actualmente la directora de la fundación GAAT (Grupo de Acción y Apoyo a Personas Trans) y que cuenta su experiencia: “Es como un lavado del cerebro. Te levantas a las cinco de la mañana a orar -te obligan, porque si no has terminado de orar no puedes pasar a desayunar-. Estás completamente aislada y sola, y tampoco puedes dormir si no has terminado el proceso, en un lugar que es una finca grandísima y no hay nada alrededor”


En Argentina, donde estas prácticas se siguen realizando fuera de la ley y del escrutinio público, tomamos el caso de Federico Gómez quien se quitó la vida el 19 de enero de 2021 luego de haber sido víctima de estas prácticas y del constante bullying que sufría por parte de los Testigo de Jehová a los que pertenecía.


Así podríamos escribir infinidad de testimonios, pero con estos tres ejemplos basta para poner en contexto sobre el flagelo que suponen estas terapias, que nada tienen de terapéutico.


Cómo mencioné antes, aquí en Colombia las cosas parecen tener un destino favorable, pues un congresista ha tomado la iniciativa en conjunto con organizaciones de DDHH y la fundación GAAT, presentando un proyecto de ley que criminaliza y prohíbe estas prácticas aberrantes.


Este proyecto de ley también responde al mandato ciudadano de más de 40mil personas que le dijeron NO a estas falsas terapias mediante la firma de un petitorio y que a través de “All Out”, un movimiento global por los derechos de las personas LGBTIQ+. le entregaron al Representante de la Cámara por el Partido Verde, Mauricio Toro, en el mes de diciembre de 2021 exigiendo su pronta prohibición.





Sorprendentemente en el mundo los países que tienen leyes específicas contra esto son muy pocos, apenas ocho. En los demás países, apoyados en vacíos legales, se practican de forma solapada. No hay avisos en redes para estas prácticas, ni en las carteleras de las iglesias o templos.


Esperemos que Toro tome el toro por las astas y esta ley salga muy pronto. Me queda la pregunta final… ¿qué dirían sobre estas “terapias” Sócrates, Platón, Alejandro Magno, Julio César o Miguel Ángel si volvieran a la vida hoy en 2022?











Marcos Wistak

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