De testigo de Jehová a ateo

Actualizado: sep 17


Por David Mariño

Inicios

Como la mayoría de los colombianos, fui bautizado siendo tan solo un bebé como católico y aunque ahora rechazo cualquier relación con iglesia alguna, la foto de mi padre y mi madre junto con otros familiares el día en que me “presentaron en sociedad” como católico bautizado es una que me trae sentimientos positivos y me enternece profundamente.

Sé que mi padre y mi madre no eran en absoluto devotos. Simplemente eran católicos nominales que seguían la tradición sin reflexionar realmente mucho en ello y de aquellos que solo son religiosos para los eventos importantes, es decir: bautismos, primeras comuniones, matrimonios y funerales. Pero en su vida cotidiana la religión jugaba un papel mínimo o casi nulo, y en realidad los dos tenían posicion crítica hacia la religión establecida. 

Por otra parte, mi madre había vivido una terrible experiencia con una monja que trato de violarla cuando ella tan solo era una niña, lo que la hizo aborrecer al clero y a las organizaciones eclesiásticas. Durante su vida ha lidiado con una paradoja respecto a la religión, entre odiarla y querer encontrar respuestas de la vida usando la religión para ese fin. Visitó varias iglesias, se acercó al esoterismo y leyó varios libros. Su búsqueda, que le parecía a veces inútil, la llevó a expresar frases como: ¡Todo sea por Alá, a la hijueputa suerte que me tocó! O, ¡Qué la santa diabla poderosa nos ayude!

Mi padre siempre fue un ávido lector y quizás desde temprana edad eso caló en mi subconsciente (aunque una amiga psicóloga diga que eso no existe) y aprendí a amar la lectura desde niño.

Esa pasión quizás fue la entrada que se abrió para que mi cerebro se alimentara de las más diversas formas de conocimiento y entretenimiento durante mi niñez y adolescencia y justo en esta última etapa , la duda existencial empezó a hacer mella en mi interior. 

¡El fin se acerca!

Quizás mi contacto con el conocimiento a través de los libros, que mi madre viviera en una constante lucha interior por no encontrar el significado de la vida y el espíritu inquisitivo y rebelde que me ha caracterizado desde la juventud temprana, hizo que yo también me hiciera esas preguntas: ¿Por qué estamos aquí? ¿Cómo surgió todo? ¿Tiene la vida un propósito?


Así que empecé a leer cuanto libro encontraba tratando de encontrar respuestas. Leí por lo tanto varios libros de meditación profunda, esoterismo, gnosticismo y algunos folletos de iglesias evangélicas. Tenía 16 años y sed por entender el mundo que me rodeaba. Leí varios libros de auto ayuda y me preguntaba cómo podía mejorar como persona. De repente un día cualquiera en la calle esperando un bus, un joven bien vestido me mostró una revisa sobre un posible holocausto nuclear, y si dios lo permitiría. El tema captó mi atención inmediatamente pues soy quizás de los últimos de la generación donde se temía que alguien apretara un botón y mandara la Tierra y todo lo que la habita al carajo.


Devoré la revista con avidez desmesurada y la explicación que leí de porque dios no lo permitiría y porque de hecho ese mismo dios permitía las guerras y en general el sufrimiento, me parecieron razonables.


Busqué en la dirección del folleto al sitio conocido como salón del reino de los testigos de Jehová y aunque nunca oraba, pedí al que llamaba en ese momento creador del universo que me guiara a encontrar la dirección si esa era “la verdad”. Curiosamente preguntando la gente me hizo llegar a un local de una iglesia evangélica. Pero finalmente me guiaron a donde Los testigos.


Me gustó su método de preguntas y respuestas, y pensando que yo también podía preguntar, pregunté en público, pero se me informó que así no era el procedimiento normal (Ahora entiendo que todo era programado y las respuestas debían seguir unos lineamientos muy específicos y las preguntas se habían elaborado por un grupo muy selecto de escritores en Brooklyn, Nueva York,. De hecho, preguntar y cuestionar se consideraría apostasía si esas preguntas no siguen lo lineamientos establecidos.)

Sea como sea, uno de los ancianos (como denominan a sus pastores) muy amable y formalmente procuró al final de la reunión responder a mis preguntas y me invitó a ir a su casa a recibir un estudio bíblico.

Accedí gustoso pues sentí que este amable y muy razonable - al parecer - hombre podía responder mis preguntas más profundas sobre la vida y su propósito. Me dieron un libro que en su índice prometía responder dichas preguntas llamado: "Usted puede vivir para siempre en el paraíso en la Tierra", el cual no deje de leer de corrido por 3 días seguidos, trasnochando incluso, pues sentía que respondía cada detalle de lo que buscaba.

Fui al estudio y además del libro, el anciano me respondió con detalle las cosas que iban surgiendo en mi cabeza y pronto ya estaba convencido que había encontrado la verdad, el propósito en la vida y que mi sentimiento de futilidad compartido con mi madre ya no estaba allí.

Leí decenas de libros de los testigos de Jehová en cuestión de pocos meses, todos los de la biblioteca que se estaban publicando en ese momento por “la organización” y empecé a asistir y preparar las tres reuniones semanales.

Mi convencimiento se acrecentaba con cada libro, cada revista, cada reunión, ya estaba terminando grado once y estaba tan seguro que estaba en la verdad que me enfrente a mi familia y me presenté como objetor de conciencia ante el ejército aún a riesgo de ser llevado a la cárcel.

Entre a la Universidad Nacional a estudiar ingeniería electrónica y ya la semilla del fanatismo había florecido, simplemente llegó el momento en que debía compartir ese gran descubrimiento a otros y evitarles la destrucción eterna que se avecinaba por pertenecer a “religiones falsas” o peor aún, porque no creían en dios.

Así que era el primer semestre de mi universidad en otra ciudad, sin mi familia a quien veía como enemigos de mi nueva fe y con una “nueva familia espiritual” que me recibían como propio, y ahora con una meta sublime en mi corazón, salvar mediante predicar de casa en casa y en las calles a todo ser humano que tuviera la disposición de corazón de escuchar las buenas noticias de que dios pronto eliminaría el sufrimiento y todos los problemas de la humanidad serian cosas del pasado incluidos la enfermedad y la muerte pues viviríamos en un paraíso acá en la tierra donde nadie moriría, se enfermaría o sufriría por ningún motivo eternamente.

Me hinchaba el corazón de gozo de compartir con personas que sentía tan cercanas como mis hermanos carnales y que podía ayudar a quien quisiera escuchar del dios que estaba convencido, existía, me escuchaba me amaba y quería de verdad cambiar la situación del mundo y de hecho tenía una razones muy lógicas para permitir que el sufrimiento existiera, pero lo mejor que lo eliminaría definitivamente en una guerra contra el mal y sus causantes verdaderos.

Me bautice al finalizar el segundo semestre de la carrera y predicaba entre 30 y 50 horas al mes lo que era para mí más importante que la universidad estudio que veía como una obligación para poder prepararme para tener como conseguir un trabajo seglar y así mantenerme pero inútil para la vida que me esperaba en el futuro y un estorbo para la urgente labor de predicar.

Mi fanatismo crecía con el tiempo e incluso pensé en abandonar la U para dedicarme solo a las “labores espirituales” lo que además de predicar empezó a implicar dar discursos y dirigir grupos de predicación y prepararme como ayudante de anciano , o siervo ministerial como lo llaman en esta iglesia.


Ocho años pasaron dentro de la secta destructiva y mis únicos amigos y contactos sociales eran de esta congregación, hasta que el amor y el sexo hicieron mella en mi naturaleza como mamífero evolucionado, aunque en ese momento lo veía como el pecado heredado, Satanás y el sistema de cosas mundial que me tentaban a pecar. Y caí, caí varias veces hasta el punto de que mi novia de esa época y también testigo de Jehová se involucro en un ardid de mentiras para tapar nuestra “ relación pecaminosa” inventándonos un certificado de matrimonio falso.

Mi padre fue secuestrado, torturado y asesinado por la guerrilla de las Farc y gracias a una pequeña cantidad de dinero que heredé y la motivación del amor intenso que tenía por mi novia que llegó a ser luego mi esposa, invertí ese dinero en un emprendimiento que fracasó. Ya llevaba unos cuantos meses donde ya no me reunía y mi conciencia pesaba tanto que ya me daba pena orar. Tenía una doble vida ante la congregación, mi novia y mi deseo de explorar sin límites mi sexualidad que había reprimido desde los 16. Ya tenía casi 25 y quería follarme al mundo así no fuera “lo correcto”.


El dolor de perder el dinero, sentir que debía dejar a mi novia de nuevo sola y la culpa que me carcomía, hizo que decidiera junto con mi novia “confesar” ante los ancianos de la congregación “todos mis pecados” ( ¡Ja! ¡Qué bien adoctrinado estaba!) Y como resultado de un juicio medieval que usan los TJ llamado comité judicial, donde se reúnen 3 de sus ancianos o pastores para decidir la suerte del acusado y condenarlo al ostrasismo social si no los convence ( TJ abreviatura de Testigos de Jehová), fuimos expulsados de la congregación, lo que implicaba que ningún amigo dentro de ella nos hablaría mas, Ni siquiera un saludo, y si moríamos no irían a nuestro funeral y ni siquiera podían orar por nosotros. Era como un asesinato social donde todos mis allegados acordaban despreciarme si compasión alguna.

No obstante, yo creía en ese momento que la sanción era justa y venía de parte de Jehová. Luego vino un vacío emocional y social. Solos, mi novia y yo, tratamos de compensar nuestras lógicas necesidades de pertenencia entre los dos. La semilla de la duda La expulsión de los testigos de Jehová resultó después en un gran beneficio. Como mi espíritu inquisitivo no había muerto, me dediqué a leer exhaustivamente decenas de libros y revistas antiguas de los TJ, incluidos libros de 100 años de antigüedad pues cualquiera literatura, diferente a la publicada por la secta estaba prohibida. Así pues, ya sin la restricción vigilante de los ancianos y los “hermanos”, empecé a leer todo lo que caía en mis manos incluidos sitios web “prohibidos” de ex testigos de Jehová.

En textos antiguos de los testigos de Jehová es posible encontrar muchas predicciones fallidas relacionadas con el fin del mundo. El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová prohíbe a sus fieles leer fuentes que no sean las de ellos. De esta manera muchos testigos no conocen la historia de su denominación.

Cuando era testigo de Jehová escuché de algunas incongruencias en la doctrina, pero nunca las examiné escepticamente. Ya libre de la religión empecé a examinar estas críticas en páginas de ex-testigos de Jehová y a descubrir la otra cara de la moneda.

Leí lo suficiente hasta que perdí la Fé en que los TJ eran los poseedores de la verdad revelada de dios y darme cuenta de que eran otra secta más de las cientos entre los cristianos que, aunque tenían cosas loables y admirables, no necesariamente representaban al verdadero dios.


En particular descubrir una ONG ( silentlambs.org ) que se dedica a exigir que Los Testigos de Jehová y su organización legal La Watchtower and Tract Society de New York, liberen la base de datos que tienen sobre al menos 20.000 casos de abuso de niños en EEUU , me hizo reflexionar, que esta horrenda secta sólo le importaba la apariencia y eran incluso más hipócritas que la iglesia católica y otras religiones que denunciaba como falsas precisamente por prácticas similares.

Así que empecé de nuevo a buscar ese dios elusivo que le diera sentido a mi vida y esa religión que lo representara, pero llegué a la conclusión que no había una religión que lo mostrará de verdad como debería ser. Descubrí que algunos personajes de la ciencia y de la literatura habían sido deístas, justo el término que explicaba mi creencia en un dios creador pero no en ninguna religión.

Seguí leyendo, viviendo mi vida sin dios, sin orarle y aún en medio de una depresión terrible por mi divorcio, no regresé a los brazos de esa terrible secta destructiva.

Intenté hacerlo, pero mi mente no podía concebir y olvidar lo que sabía sobre los TJs y cada vez mi duda sobre la existencia de un creador se perdía entre mis lecturas sobre la evolución, cosmología, astrofísica y algo de filosofía.

Entonces justo antes de viajar a Londres a estudiar mi MBA ya me consideraba agnóstico o casi ateo, como me presentaba ante la gente cuando preguntaba sobre mi posición religiosa.

En mi mente solo la improbabilidad de que todos los eventos desde el Big Bang, la formación de las primeras partículas subatómicas, el átomo como tal, luego las estrellas, los sistemas planetarios, la Tierra y la vida compleja en la tierra como resultado del azar incluyendo las leyes de la física con las proporciones exactas para que el universo y la vida y por ende los humanos llegaran a existir eran tan remotas que parecía más plausible la posibilidad de un creador inteligente quizás solo una causa primigenia y ya.

Pero luego leí sobre el multiverso y toda duda cayó. Pues si existe la posibilidad de vivir en un multiverso con millones de universos con muchas posibles configuraciones de las leyes que los rigen, entonces las probabilidades de que surgieran configuraciones similares a la de nuestro universo particular, en el que es posible la vida y los seres inteligentes, como los humanos, no era una remota posibilidad matemática, sino una opción incluso abundante.

Además de ello, ahora miles de planetas se están descubriendo en nuestro vecindario astronómico que aumentan exponencialmente la probabilidad de que los factores para que la materia inerte se convirtiera en vida y esta vida evolucione hasta vida inteligente, sean ya no simplemente una posibilidad despreciable, sino quizás algo más común de lo esperado y por ende que el dios de los huecos ya no era necesario.

Así en mi mente entando en Londres estudiando mi maestría en administración de negocios, la conclusión fue: No existe o no es necesario dios para explicar el universo y la vida.

¿Que haría ahora? Ya vivía mi vida sin las ataduras morales o imposiciones de la religión, pero aun ese adolescente inquisitivo respecto al propósito de la vida y tener algo significativo que motivara mi existencia seguía allí en espera de llenarse aunque ya las respuestas absolutas no fueran necesarias Y claro el sentimiento de pertenencia a una comunidad que viví entre los Tjs era algo que extrañaba.

Estaba tratando de disfrutar mi vida en Londres viviendo con cinco chicos cada uno de diferente religión, un musulmán, dos cristianos de diferentes denominaciones, un hinduista y un zoroastrista, y sin embargo a pesar de ser ateo, la pasábamos de maravilla y la religión o no religión nunca fue un problema. De hecho, nunca hablamos del asunto.

Veía en las calles la cantidad de diversas culturas y por ende religiones y cada cual en lo suyo a excepción de algunos predicadores callejeros que pocos tomaban en serio, y me pensaba, que interesante ejemplo de tolerancia y cultura sin necesidad de adoctrinamiento como el que recibí en los TJs . Y un día cualquiera en el Underground (como se llama al metro en Londres) vi un artículo sobre una “iglesia atea”. Me pareció una contradicción y al mismo algo que quería conocer una mezcla entre escepticismo y atracción extraña.

Su nombre de “iglesia atea” la habían puesto realmente los medios de comunicación pues en realidad ellos mismos se identificaban como asambleas de domingo o Sunday Assembly en ingles.

Cuando fui por primera vez un hombre alto blanco y barbudo con lentes casi como un “Jesús" o hippie moderno hacia reír a los concurrentes (unos 400) en un auditorio de las sociedad de humanistas de Londres. Él era Sanderson Jones, uno de los fundadores, y durante el “show” cantamos al estilo karaoke acompañados de músicos y coro en vivo, canciones de pop y rock como We are the champions de Queen y Roar de Lady Gaga. No recuerdo la conferencia de 20 minutos de algún invitado, pero evidentemente no se trataba de nada de ateos enfurecidos vociferando contra la religión, ni tampoco una iglesia adorando a un pastor y dándole dinero. Solo un grupo de personas divirtiéndose juntas, compartiendo sobre un tema de interés y cantando y creando relaciones sociales, amistades y compartiendo al final te, galletas y quienes quisimos, además tomar y comer algo en un bar cercano.

Una fotografía con asistentes a las Asambleas de domingo en Londrés. La prensa llamó a estas reuniones "Iglesia atea".

La verdad me gustó el concepto y leí más sobre sus principios, entre ellos:  • Disfrutar más de la vida pues es la única que tenemos absoluta certeza que existe  • Ayudar más frecuentemente a otros.  • Maravillarse mas.  • Ser radicalmente inclusivos.  • Buscar formas de mejorar nuestra vida y la de otros para que disfruten de ella más y mejor.  Así que empecé a asistir a las reuniones que se celebraban cada 15 días los domingos a las 11:00 a.m. Y todo me encantó, al ambiente de amabilidad de receptividad, el deseo de los involucrados porque te integraras aun a pesar del clásico estilo distante de los ingleses. La música, la energía que se respiraba y lo mejor saber que no estabas vigilado que eras libre de ir o no. No habían reglas tontas que seguir más allá de las lógicas para una reunión cualquiera y el trato con otro ser humano. Sentí que el grupo llenaba las necesidades de comunidad que tenemos todos los seres humanos al haber evolucionado como grupos comunitarios de cazadores y recolectores y tuve la oportunidad incluso de ser parte del comité que decidiría que se haría con el dinero de súper avit que después de año y medio por fin conseguían.

Así que decidí que este concepto tan interesante lo quería traer a Colombia cuando terminara mi maestría. Averigüe cómo funcionaba el asunto y pues les comenté mi deseo a lo cual estuvieron dichosos pues si se lograba sería el primer grupo de habla hispana y el primero en Latinoamérica.

Así que lleno de ilusiones llegue a Colombia a buscar quienes compartieran mi entusiasmo por una idea que yo veía genial y no le veía nada malo. Pero me estrellé con una realidad de sarcasmos y crítica mordaz que no esperaba. Ateos tipo "Yisus es un loquillo" u otros que solo critican han sido frecuentes en mi interacción en redes sociales.


Lastimosamente en mi interacción con otros ateos organizados, reviví el proceso de estar atrapado en una secta destructiva al ver con asombro como mediante una campaña de difamación narcisista (veáse https://youtu.be/IRFwPKl6puY ) se me levantaron falsas acusaciones y se me injurió y calumnió ente mis conocidos y redes sociales, procurando así descalificarme completamente y anular todo mi trabajo activista. Llegaron a tal punto, que quisieron hacer un juicio inquisitorio como si se tratara de ser jueces y verdugos, anulando por completo mi derecho humano de presunción de inocencia y juicio justo.


Sea como fuere, gracias a amigos de verdad y personas con verdadero sentido de justicia, actualmente soy el director ejecutivo de la Asociación de Ateos de Bogotá y lidero una iniciativa similar a Sunday Assembly llamada Comunidad Secular.

En la primera, nuestra ONG procura luchar por la verdadera separación de la iglesia y estado y los derechos humanos conexos a este concepto, además de hacer denuncia pública y divulgación sobre el peligro de las sectas destructivas como Los Testigos de Jehová.

En la segunda, buscamos crear comunidad entre ateos, agnósticos, libre pensadores y no creyentes en general, de forma tal que su necesidad evolutiva de pertenencia y propósito pueda ser colmada.

Espero tener la oportunidad de poder seguir contribuyendo a que las personas puedan librarse de los lazos de las sectas destructivas y el pensamiento mágico, que nuestros impuestos se usen para cosas importantes como la educación y la ciencia y no en promover ninguna iglesia o pseudociencia, y que los no creyentes tengan un espacio seguro do de puedan divertirse, crear lazos afectivos y grupos de apoyo y sentir que pertenecen a algo más grande que ellos mismos.


Esto lo seguiré haciendo no por prestigio personal o por figurar como suele hacerlo una persona narcisista que solo quiere gloria para sí mismo, aunque en el proceso tenga que destruir a otros, sino porque lo considero un deber moral como víctima y conocedor de cómo las sectas destructivas operan y pueden hacer daño.

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